El primer documento escrito sobre la existencia
de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Zamora data de 1.508. Sin embargo, la
tradición oral en la ciudad la proclama la más antigua de Zamora, y es de
suponer que tal aserto tenga su explicación en el uso de la precedencia que
ejerció durante siglos en la procesión del Corpus Christi colocándose en el
lugar ‘más antiguo’ o destacado de todas las cofradías de legos que acudían a
la misma.
La razón de ser de esta Cofradía es rememorar los
sufrimientos de Jesucristo para salvar a los hombres de tal forma que siempre
estos lo recuerden, y para hacerlo se organizó una cofradía cuyo acto principal
era una procesión en la que, entre otros símbolos, los cofrades derramaban
sangre por los crueles azotes que el hijo de Dios padeció. Es, por tanto, una
típica cofradía penitencial de disciplina caracterizada por el ejercicio
público de esta penitencia. Los disciplinantes fueron prohibidos en 1769.Las primeras
ordenanzas de la Cofradía que conocemos se remontan a 1545.
Su primera
sede fue el monasterio de San Francisco, a la que se unió a partir de 1.519 la
del de Santo Domingo, sirviéndose en ambos alternativamente. Durante el Antiguo
Régimen la Cofradía fue acumulando un patrimonio, nunca demasiado abundante,
que iría incrementándose poco a poco por legados y donaciones, así como por los
bienes procedentes de varias cofradías que se le agregaron en el siglo XVIII,
la de San Benito y San Bartolomé (1.703), la de San Miguel y ánimas de San Juan
(1.707), la de San Gabriel (c.1.740) y la de Nuestra Señora de la Piedad (1.743).
De todas ella la más importante fue la de la Cofradía de San Miguel pues supuso
para ella disponer de una capilla propia donde pronto comenzó a colocar sus
imágenes y a celebrar sus reuniones y funciones.
A lo largo del siglo XX se va consolidando el
proceso de mejora de la cofradía, que a su vez perderá alguna de sus señas de
identidad puesto que su vida cada vez más se centrará en la procesión que
realiza el Jueves Santo, dejando de lado todo tipo de actividad social y buena
parte de sus funciones religiosas, todo lo cual no impidió que en las décadas
de los cincuenta y sesenta la Cofradía sufra una importante crisis que tiene
como manifestaciones más evidentes el descenso del número de cofrades, la eliminación
de los pasos a hombros y la aprobación del uso de túnicas de raso y no de
terciopelo como era preceptivo. En los últimos treinta años la tendencia se
invierte, la Cofradía ve cómo aumentan sus cofrades y se puede recuperar el
esplendor, nunca perdido del todo, de la procesión.
Los pasos vuelven a ponerse a hombros, aumenta el
número de los mismos, se eliminan las túnicas de raso, se acondiciona una
capilla para Jesús Nazareno, e incluso vuelve a organizarse solemnemente la
festividad de la Cruz de Septiembre y se entroniza solemnemente a la Virgen
Dolorosa en el altar de la capilla de Santa Eulalia de la iglesia de San
Andrés.
Aunque desaparecida la función asistencial a sus
propios miembros, la Vera Cruz va poco a poco retomando ese elemento como una
de sus señas de identidad mediante la colaboración en actividades de ese tipo,
aunque no sostenidas únicamente por ella sino a través de Cáritas Diocesana. La
Vera Cruz realiza a lo largo del año dos salidas en procesión, una con motivo
de la festividad de la Exaltación de la Cruz y la que conmemora el Jueves
Santo.